Mi regalo de Reyes.

51d1iu07fllReconozco que yo soy de Papá Nöel, así viene siendo desde hace 34 años en la que me encargué de dirigir mi vida y abandoné el confort de la casa de mis padres donde la fiesta de Reyes era lo “más”. He dicho que abandoné el confort, falsa palabra para una realidad que los de mi generación conocemos perfectamente. Salir de casa era lo importante, sobreponerse a las penurias de unos padres que trabajaban de sol a sol para darte lo máximo que podían y que hoy, se consideraría como la mínima obligación que les competía.

Luchamos por forjar una familia, una estabilidad por aquello que pensábamos que era lo mejor; hoy, todo ha sido una falacia, nuestros esfuerzos no han valido para nada, nuestras luchas resultan que eran las equivocadas, nuestros conocimientos estaban confundidos y a este paso me convencerán que 2+2 no son cuatro.

No importa, a pesar de ello he escrito mi sempiterna carta a los Reyes Magos, en privado, en silencio, semi oculto en la clandestinidad adulta y elevando mis ojos al cielo donde sólo hay estrellas; ni un ser eterno, ni un ser sabio, ni un ser justo, solo estrellas. El destinatario de mi carta no estaba en esa dirección, tuve que agachar los ojos y darme cuenta que el código postal era mi corazón.

Mi primera petición era obvia, para mí, cambiaba todo lo que quería por una noche tranquila donde la chiquillería llorara sus emociones y se sorprendieran a cada paso de los mil y un reyes que desfilan por las calles y de los millones que los sostienen en hombros. Donde ningún gesto, bandera, reseña, discurso, ideal u oportunismo cambiara lágrimas de alegría por lágrimas de dolor. Gracias, concedido.

Mi segunda petición era muy personal, nada que contar o publicar aquí, solo deseos metidos en el profundo pozo del olvido. Concedido. Están en ese pozo que poco a poco se va llenando de incumplimientos y que tiene la misión de enterrarte; pero que, a la vez, son peldaños que vas escalando con esfuerzo para no verte inmerso en el oscurantismo y que llegado el momento, cuando el pozo esté lleno, habrás escalado hasta su final consiguiendo aquello que creías perdido. La esperanza.

Mi tercera petición era inútil y casi de broma; más bien parecía una miss en su discurso chapucero para conseguir ser la más bella entre las feas de alma. ¡La paz en el mundo! No me río porque ya he sonreído mientras escribo.

Mi cuarta petición es otro imposible; pero ¡qué demonios! ¿no es una carta a los todopoderosos Reyes Magos? He pedio que el destino de la humanidad vuelva a estar en manos de la Naturaleza y no de los propios hombres; que seamos conscientes del mal que llevamos dentro; que nos demos cuenta que aquí estamos de paso y que nuestros descendientes heredarán nuestros desatinos. Es necesario que sepamos que no somos ni más ni mejores que tú; que no existen siete pecados capitales sino un millón; que la unión no une, sino que nos embrutece.

He pedido resolver primero los problemas de mi casa, y que cuando los tenga pueda resolver los de mi calle para después afrontar los de mi barrio y seguir subiendo los peldaños hasta que pueda convencer a la mayoría de cómo resolver los de todos. Ahí me di la hostia contra la realidad.

© Rafael Lara

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